
El gigantismo de Dora no pasó desapercibido para los servicios
de propaganda nazi. Si la imagen del tanque, del Stuka y de la moto
con sidecar simbolizaban la rapidez del ejército, Dora representaba
la potencia implacable y destructora que amenazaba a todo enemigo
del tercer Reich. De igual forma, la prensa colaboracionista no
perdía la ocasión de mostrar los instrumentos de la
victoria que eran los cañones pesados de la misma forma que
la muralla atlántica o las «armas secretas».
Así se mantenía la imagen de la omnipotencia nazi
en la Europa ocupada.
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