
El descubrimiento
de las ondas electromagnéticas a principios de siglo no
tuvo utilidad conocida hasta los años 30, con la marina
mercante. Pero una vez que los militares se dieron cuenta del
interés táctico de la radio-detección, la
investigación comenzó a beneficiarse de aportaciones
económicas cada vez más importantes.
Los radares han conocido desde 1941 una gran cantidad de aplicaciones.
Hemos visto ya los sistemas para la detección de formaciones
aéreas y marítimas, así como para dirigir
los tiros de artillería.
• De esta manera los dispositivos de radar fueron puestos
en marcha por los anglosajones con el fin de guiar a las escuadrillas
de bombarderos a través de Europa desde Inglaterra. Esto
permitía a los pilotos aliados bombardear el objetivo correcto
con la máxima precisión posible.
• Se instalaron radares de vigilancia aérea sobre
aviones grandes. Eran sistemas similares a los existentes para
la detección de barcos, así como la vigilancia terrestre
cuando la tecnología radar lo permitió. Numerosos
U-Boot (submarinos alemanes) ocupados al recargar sus baterías
eléctricas en la superficie fueron descubiertos y de esa
forma hundidos gracias a los radares aerotransportados.
• Los alemanes intentaron hacer frente a esta nueva amenaza
poniendo en funcionamiento el sistema Naxos, que permitía
a los submarinos si estaban siendo «iluminados» por
un radar enemigo y así sumergirse para escapar de los cazasubmarinos
(los más potentes destructores, equipados con sónares
y granadas antisubmarinos).
• Los cazas nocturnos fueron equipados, tanto por los alemanes
como por los aliados, de radar de abordo para localizar a los
aviones enemigos. De la misma manera los bombarderos aliados fueron
algunas veces equipados de pequeños radares en la cola
del aparato para señalar si un caza había comenzado
su persecución.
• Finalmente un primo del radar, el sónar, utilizaba
los mismos principios de radio-detección, aunque en el
agua. El sónar será fatídico para la supremacía
del submarino en el Atlántico norte y en el Pacífico.
El radar
es un ejemplo bastante claro de los numerosos «avances»
tecnológicos que tuvieron una gran influencia en la segunda
guerra mundial. De hecho, la guerra permitió en cierto
modo, aplicar los descubrimientos científicos de principio
de siglo. No se puede hablar de innovaciones tecnológicas,
aunque sí de mejoras.
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