
El Bomber Command aliado deseaba estudiar la tecnología
de radiodetección de que disponían los alemanes.
Un avión de reconocimiento señala la existencia
de una estación de radar en Bruneval, en Normandía.
La red de resistencia francesa «Hermandad Notre Dame»
mandada por el coronel Remy se encarga de las localizaciones a
nivel de terreno. Ya en el lugar, la resistencia revela el número
de defensores, las alambradas, los búnkeres…; el
presbiterado protege a los guardias del radar… Sorprendidos
por un centinela, se hacen pasar por caminantes, ofrecen fuego
al alemán y se van sin pedir nada a cambio, bajo la mirada
un poco sorprendida del fumador teutón. Las informaciones
fueron transmitidas a Londres.
La organización de una misión de comando destinada
a obtener unos elementos del radar y a destruir el resto es confiada
al Mayor Frost de la primera división
aerotransportada británica.
La estación
de radar se sitúa en alto de un acantilado de 90 metros
de alto, siendo casi imposible de escalar sin alertar a los guardias.
El único acceso, por mar, es estrecho y defendido por una
posición fortificada y una ametralladora. Atacar de frente
sería un suicidio. La defensa del mismo radar estaba a
cargo de una red de alambradas, ametralladoras pesadas MG42 y
MG34, así como de una treintena de hombres. Además,
una compañía alemana se encontraba apenas a media
hora de camino.
Era necesario por lo tanto, atacar con fuerza, velocidad y precisión.
El mayor Frost opta por una incursión en tres grupos: Uno
encargado de desmontar el radar, un segundo encargado de neutralizar
a los hombres guarecidos en el presbiterado y finalmente un tercero
encargado de liberar el paso hacia el mar donde los paracaidistas
reembarcan hacia Gran Bretaña.
El ingeniero Cox, especialista en electromagnética pero
no tanto en paracaidismo forma parte del grupo. Se le da una instrucción
acelerada. El grupo de combate está preparado. 118 paracaidistas,
más el ingeniero Cox, embarcan en aviones bimotor con rumbo
a Francia.
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